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En La Quinta de Illescas, cada boda deja recuerdos únicos. Y la de David y Alicia fue una de esas celebraciones que se viven con intensidad de principio a fin.
Su historia comenzó con una pedida en un glaciar en Islandia y un segundo momento inolvidable en París. Después, llegaría su gran día en un espacio que ambos ya conocían y que eligieron también por su ubicación perfecta entre Toledo y Madrid.
La ceremonia estuvo marcada por la emoción de sus familias, las miradas cómplices y una atmósfera muy especial. Uno de los momentos más recordados fue la música en directo de Violínpia, que acompañó el “sí, quiero” de una forma inolvidable. Además, la ceremonia fue oficiada por su amigo Daniel Abanda, lo que hizo todo aún más cercano.
El cóctel fue un recorrido gastronómico pensado para sorprender desde el primer bocado. Propuestas como el jamón ibérico sobre pan de cristal, bocados calientes preparados al momento y opciones frescas como el mousse de aguacate con pico de gallo reflejaron el cuidado por el detalle y la variedad. Todo acompañado de una presentación impecable y una puesta en escena que invitaba a disfrutar sin prisa, aunque para los novios, como ellos mismos cuentan, fue un momento vivido “en una nube”.
El banquete fue otro de los grandes aciertos del día.
Los novios disfrutaron de cada instante, y los invitados no dejaron de felicitarles por la elección del menú. La experiencia gastronómica volvió a ser protagonista, acompañando el ambiente relajado y la alegría compartida.
Porque si algo caracteriza a las bodas en La Quinta de Illescas es precisamente eso: cuidar cada detalle para que todo fluya de forma natural.
El vestido de novia fue de VICTORIA, el traje de novio de SAGAZ, los anillos de Alianzas Habana, el maquillaje y peluquería corrieron a cargo de RB Belleza, el ramo fue de Aloia, la fotografía de Iris Vega y el vídeo de Óscar Castizzo. La decoración floral y la coordinación del evento estuvieron en manos del equipo de La Quinta de Illescas.
Elegir La Quinta de Illescas no fue casual.
Ambos ya habían vivido una boda aquí y sabían que era el lugar perfecto. Además, su ubicación, entre Toledo y Madrid, encajaba a la perfección con sus historias.
David y Alicia lo tienen claro: el día de la boda pasa volando, así que lo mejor es disfrutarlo al máximo. Y eso fue exactamente lo que se respiró en cada momento de esta celebración: emoción, felicidad y recuerdos que permanecerán para siempre.
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